
En capítulos anteriores vimos cómo en tres de los osarios de la tumba de Talpiot se habían encontrado cuatro nombres: Jesús, José, María, Mateo. En un cuarto osario los arqueólogos encontraron otra inscripción en lengua hebrea: “Yosha”, un raro apodo de José. Tan raro, que de todas las inscripciones de osarios jamás halladas, no hay otra en la que se escriba así el diminutivo de José. Según la ley judía, si alguien tiene un apodo, éste se ha de poner en su ataúd o sepulcro.

