El primer osario contenía en una de sus caras la inscripción “Yehshúah Bar Yoshef” (Jesús, Hijo de José) escrita en arameo con trazos poco elaborados. El primer nombre aparecía precedido por una marca en forma de cruz de significado desconocido. Los nombres de Jesús y José eran relativamente comunes en el s. I, así que el descubrimiento pasó bastante desapercibido.